25 julio, 2016 »

Sueño de Libertad Dicen muchas veces, los sueños se hacen realidad, y esa es mi esperanza y mi mejor anhelo, deseo una Patria Libre, Bella y Digna

Bandera peruanaLas calles lucían hermosas, limpias, ordenadas, las casas pintadas de colores decentes y adecuados, en sus balcones flameaba orgullosa la bandera peruana. Los niños de sonrisas joviales portaban en sus tiernos pechos la escarapela roja y blanca. Los adultos corteses transitaban de aquí allá, cediendo la acera a las mujeres y ancianos: «Buenos señor», «Buenos días amigo» ¡Feliz día de la patria! Esto era una maravilla.

Llegué al parque principal, pulcritud y decoro a raudales, bancas aseadas, cerámicas inmaculadas y brillantes, jardines cuidados y delineados, todo exhalaba belleza.

En la esquina, en un quiosco bien cuidado y ubicado adquirí el diario del día ¡Albricias! No podía dar más pábulo a lo que leían mis ojos: Había un superávit de «mil millones» de ahorro por parte del Gobierno Central, y el presidente, haciendo gala de un criterio de justicia y humanidad disponía que se lo reparta equitativamente entre los más necesitados; deshojé ávidamente el periódico, ¡Mi asombro no tenía límites! El Ministerio de Defensa había decidido dejar de comprar armas y su presupuesto invertirlo en Agricultura, bajo el sugerente lema: «Necesitamos más alimentos y menos balas», era tan increíble pero al mismo tiempo tan bello.

Seguí hurgando: El analfabetismo en el país había sido erradicado en un cien por ciento, las medicinas habían bajado de precio y muchas de ellas se reparten gratuitamente en nosocomios y postas; la atención en oficinas, ministerios y centros asistenciales es de Calidad, Humana y Efectiva, con personal capacitado, idóneo y seleccionado por Meritocracia y no por Dedocracia ¡Qué maravilla! ¡Esto es el paraíso!; prosigo husmeando las páginas cargadas de tinta, figuras y colores: Los sueldos han sido incrementados, fijándose en cantidades suficientes, dignas y justas, principalmente en educación, salud y sector agrario.

El gobierno y las empresas más prósperas han establecido un aguinaldo equivalente a un sueldo para todos sus trabajadores. En la marina y aviación se permite desde la fecha que postulen los Quispes y los Mamanis, aunque no sean blancos, rubios o de ojos azules.

Por último mi mirada se fijó en las carillas destinadas al deporte. La selección peruana goleó cinco por cero a la del Brasil y se clasificó para el próximo mundial. Cerré el informativo y decidí dar un paseo por esas calles tan ordenadas que invitaban a recorrerlas de punta a punta, noté que un contingente de obreros afanosamente se dedicaban a demoler el vetusto local de la cárcel ¿Están demoliendo la cárcel? Pregunté. Sí respondió un trabajador de abultado pecho y prominentes brazos – ya no quedan presos ni delincuentes, la municipalidad construirá aquí una escuela y un centro de atención y recreación para el adulto mayor, me dije… ¡para mí mismo!: ¡Que patria, que país más grande y feliz, que tierra más libre!.

La voz era potente y malhumorada, la cual fue acompañada de una fuerte sacudida en los hombros: ¡Oiga señor, despierte! ¿Cómo se le ocurre quedarse dormido aquí en la banca del parque?, ¡mire el celular, ya no lo tiene!, tampoco la billetera y solo el DNI lo han tirado, posiblemente porque su foto no era de su agrado, como puede haber gente tan descuidada, hoy todavía en plenas «Fiestas de la Patria», donde tanto delincuente acecha a sus víctimas.

Mi despertar fue traumatizante y amargo, me encontré de pronto con la cruda realidad, sentado en una banca sucia, en una plaza pintarrajeada, de jardines casi perdidos lleno de papeles y desperdicios. Mire a mí alrededor, casas descuidadas variopintas, calles llenas de ambulantes y de comercio informal mal ubicado, olores variados y nauseabundos: «Solo ha sido un sueño», murmuré decepcionado.

Dicen muchas veces, los sueños se hacen realidad, y esa es mi esperanza y mi mejor anhelo, deseo una Patria Libre, Bella y Digna, como la que por un breve tiempo disfrute en este «Sueño de Fiestas Patrias».

La vida seguramente ya no me permitirá ver cristalizado este gran sueño, tal vez lo vea por medio de las pupilas y las retinas de los nietos de mis nietos, ese sería mi día más feliz, y en ese día quizás enormemente lejano cantaré por medio de ellos: «Somos Libres, seámoslo siempre», sólo ese día, porque ahora, discúlpenme: ¡NO PUEDO, NI DEBO!

Escribe: Roberto Celis Santa Cruz

 

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