Por: Jorge Paredes Terry/. Keiko Fujimori llegó al poder con un discurso que vendía «orden» y «mano dura», prometiendo gobernar al estilo de su padre, el dictador Alberto Fujimori. Sin embargo, a solo dos semanas de su investidura, el Perú se desangra en una espiral de violencia que ella misma parece no poder controlar. El cargo, como muchos temían, le ha quedado grande.

La Sangre Inunda sus Primeros Días de Gobierno La cifra es estremecedora: al menos 97 homicidios se han registrado entre el 28 de julio y el 13 de agosto. Durante este breve período, el promedio diario de asesinatos ha sido de 6.06 por día.
Detrás de estos números hay historias de terror cotidiano que el gobierno es incapaz de frenar. Una joven abogada asesinada a mansalva en Pacasmayo, Un suboficial de la Policía fue acribillado en La Libertad. Choferes asesinados como animales. Un zapatero fue atacado a cuchillo en plena vía pública en El Porvenir.
Un joven venezolano fue perseguido a balazos por varias cuadras en el Rímac. Los conductores de transporte público son el blanco favorito de sicarios y extorsionadores. El «Plan Escudo», presentado con bombo y platillo por el gobierno, ha sido calificado como un rotundo fracaso.
Miente al País: De la Promesa de «Orden» a la Mendicidad de «Paciencia»
Durante la campaña, Keiko Fujimori prometió devolver el orden y pacificar el Perú. La realidad es que su respuesta ante la crisis ha sido una patética muestra de improvisación. Al ser cuestionada por la ola de crímenes, la mandataria solo atinó a decir: «No podemos dar resultados en 15 días, por favor. Les pido paciencia».

